¿Jugar con cartas perdedoras o quedarse sin jugar?
Si tú y yo nos sentamos en la mesa y colocas el tablero... si repartes las cartas y los dados y las fichas... si dictas las normas... si marcas los tiempos... si asignas los roles... Si yo acepto jugar sabiendo que me haces trampa... ¿Quién de los dos es culpable de las consecuencias?
Si llenaste las reglas de letra pequeña... si eres consciente que hay párrafos que ni comprendo... si ambos sabemos que no sé jugar, que soy un resignado perdedor... si ya ganaste antes de comenzar... ¿Quién de los dos es responsable de mi derrota?
¿Por qué la adrenalina nos obliga a acelerar por encima de las normas aún sabiendo que hay un radar al fondo de la autopista? ¿Por qué pedimos otra copa si somos conscientes de que pronto dejaremos de estarlo? ¿Por qué seguimos bajo el Sol cuando sentimos quemarse nuestra piel?
¿Para qué apostamos bajo qué cubilete se esconde el dado si conocemos la estafa? ¿Para qué jugar contra un rival que sabemos que tiene las cartas marcadas? ¿Para qué girar una ruleta siendo conscientes de que está trucada?
¿Quién no cantó una letra escrita por otro? ¿Quién no bailó una coreografía compuesta por otro? ¿Quién no se limitó a colorear lo que otro dibujó?
¿Quién no permitió que razón y voluntad unidas perdieran su pulso contra sus sentimientos?




Re Tal dijo
A veces es mejor quedarse sin jugar, pues es triste saber el final de una partida de antemano. ¿No crees?
1 Enero 2010 | 11:11 PM