Carta abierta a Patricia
Querida amiga:
A veces me paro a pensar en cómo ha pasado el tiempo. Uno nace joven y lo es continuadamente hasta que... hasta que dejas de serlo, así de obvio. Y un día te sorprendes a ti mismo hablando de 20 años atrás. Y te da un vértigo infinito... porque nunca antes has sido mayor. Has estado moreno y has dejado de estarlo, enfermo y sano, delgado y fofo, alegre y triste, solo y acompañado... pero nunca has sido mayor...
Tenemos el doble de edad que cuando nos conocimos... Es un dato que me niego a ver como negativo, como un saco de años en mi espalda o el final de una juventud que por aquel entonces comenzaba. Porque no lo es... Hoy usamos 31 y aquí estamos.
Pasamos la adolescencia juntos, muy juntos, tan juntos que todos cuchicheaban, que todos buscaban besos donde no los había, que todos creían que nuestra historia de amor era la más bonita del mundo. Y quizá lo era... Recuerdo el día que sentados en aquella tapia de tu barrio me cogiste la mano y me dijiste "esto no va a poder seguir así siempre". Y yo te entendí pero no quería, me negaba a abandonar esa complicidad, ese lenguaje de miradas y gestos que era sólo tuyo y mío. Y yo te entendí y en el fondo sabía que tenías razón. Tú querías volar, vivir, querías un amor, querías... lo que yo no te di.
Y finalmente un amor nos separó... y la vida nos volvió a juntar pero ya nada era como antes... y nos volvimos a separar. Y yo me esforcé y traté de entender y de que me entendieras pero lo hice mal. Es evidente que lo hice mal.
El destino da piruetas pero cuando se equivoca en ocasiones rectifica. E hizo un mortal para que tú y yo volviéramos a compartir una mesa y un café. Y en aquella cafetería, hablando de tantos errores cometidos, lo dijiste: "yo como mujer no lo entendía, no paraba de preguntarme por qué no". Por qué no surgió el amor...Y fui tan cobarde en todos estos años...
Tenía tres opciones: ser yo, fingir ser otro yo o no ser... y decidí no ser. No quería engañar a nadie, ninguna mujer merecía una vida falsa que tapara mi realidad. Y mucho menos tú con lo que te quería. Tampoco quería que se supiera la verdad porque soy débil, porque nunca fui un héroe ni pretendí ser un ejemplo a seguir. Así que decidí ocultar, ni mentir ni decir la verdad. Sencillamente ocultarla.
Y pequé de falsa moral porque siempre tuve claro que una verdad oculta muchas veces es peor que una mentira.
Quiero que sepas que lo he intentado. Quiero que sepas que siempre has estado presente en mi vida. Quiero que sepas que me has modelado. Quiero que sepas que me emocioné cuando me pediste ser testigo de tu boda. Quiero que sepas que te escribí aquella carta desde lo más profundo del corazón. Quiero que sepas que borré dos párrafos, que no tuve el valor de dejarlos. Quiero que sepas que son sólo dos palabras, que lo sabe todo el mundo, que debiste ser la primera, que te vas a enterar por otros y no quiero, que cada día que pasa me siento peor y me cuesta más. Quiero que sepas que me avergüenzo no de lo que soy sino de no compartirlo contigo, que yo mismo no me entiendo. Quiero gritártelo, susurrártelo, quiero llorar ante ti cuando me respondas lo que tengas que responder... y quiero que sepas que lo seguiré intentando, que lo siento, que te quiero... Y que nos vemos antes de que acabe el año para reír en torno a una mesa mientras yo no paro de pensar "vamos, díselo... son sólo dos palabras..."
Tu amigo, que te quiere...




sonia dijo
¡Que afortunada es Patricia! a pesar de todo.
Un besito.
15 Noviembre 2009 | 08:40 PM