El deseo tonto de la semana...
El restaurante-cafetería estaba en la planta baja del hotel. A la izquierda una enorme cristalera cerraba el local con vistas a la playa. Un guapísimo presentador de televisión desayunaba mientras entrevistaba a un famoso personaje del corazón. Dos cafés, dos zumos, una bandeja de croissants en la mesa que les separaba. Y una conversación que les unía.
- Me encanta esta ciudad
- ¿Aunque llueva tanto?
- Aunque llueva
Salieron del hotel y, tras cruzar la calzada, pasearon por la playa que minutos atrás contemplaban desde la cristelera.
Me apoyé en la barandilla mirando desde la calle aquella segunda mesa de la izquierda ahora vacía y algún otoño atrás ocupada por él y por mí. Me giré y miré a la playa que tantas veces caminé con él. Inspiré con fuerza, cerré los ojos y expulsé el aire lentamente.
Deseé que la noche anterior él hubiera visto aquel programa, aquella mesa, aquellas sillas, nuestro hotel preferido, nuestra playa, al presentador que le encantaba, a la famosa que nunca consiguió ver en mi ciudad. Deseé que el otro (o el titular, porque al final el tercero resulté ser yo) le estuviera acompañando frente a la tele. Deseé un momento de silencio incómodo entre ellos y mi presencia infinita en aquel salón aunque fuera unos minutos.
Y me sentí libre, sin cargas, sin remordimientos, sin culpas, sin posibilidad de reproches. Y sonreí...


mujer3 dijo
Me alegro de que por fin tengas esa sensacion.... No sabes cuanto....
Una vez mas se demuestra que el tiempo pone todo es su lugar SIEMPRE.
El tiempo cura las heridas y vuelve a poner todo en su lugar aunque el huracan lo haya puesto todo patas arriba.
Me alegro que hayas pasado pagina aunque sea inevitable que de vez en cuando vuelvas hacia atras para releer algun capitulo olvidado.
12 Octubre 2009 | 11:22 AM