Yo no soy borde, soy contundente

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HORARIO MATINAL DE MI EMPRESA: de 8 a 13 horas
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Entra un cliente a la oficina. Miro el reloj, las 12.54.
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Cliente: Tenía cita para hoy, había quedado con vosotros para… bla bla bla…
Ídem: Sí, sí, sí... rellenamos los papeles y me firma por aquí.
Cliente: Es que también quería… bla bla bla… Y también... bla bla bla…
Ídem (interrumpiendo): Eso es competencia del departamento de arriba. Tiene usted que hablar con mis compañeros.
Cliente (gritando y de malas maneras): ¿Y no lo podéis hacer vosotros?
Ídem (vuelvo a mirar el reloj, 12.57): No, señor, tiene usted que hablar con mis compañeros.
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El cliente sigue vociferando entre insultos, juramentos y groserías.
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Cliente: Me tenéis hasta los cojones. En buena hora vine yo a esta puta empresa de inútiles. En mi puta vida se me vuelve a ocurrir.
Ídem (sarcástico y mirando el reloj, 12:59): Yo le intento atender con toda la educación y amabilidad pero veo que usted no me corresponde.
Cliente: Ya, ya sé que soy un maleducado.
Ídem: Acostumbro a no llevar la contraria a los clientes.
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Cliente oO !!! O_O
Jefa de Ídem :-O
Cliente >:-(
Jefa de Ídem :-D … xD … xDDDDD
Ídem (impasible): ¿Algo más? Pues buenos días.
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13.00 horas. El cliente se va sin arreglar lo que competía al departamento que no era el mío. Podía haberle ayudado, podía habérselo gestionado yo (aunque no debía, podía), podía haber sido más amable pero… ¿acaso lo merecía?
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bruxana dijo
Hola Idem:))
Pues tienes toda la razón.
Llevo trabajando con "público"... ufff, desde siempre. Y por eso, y quizá también casi desde siempre, tengo clarísima una cosa: "El cliente tiene la razón... cuando la tiene". Vamos, que esa máxima comercial de que "el cliente siempre tiene la razón" es una solemne chorrada. Si la tiene, pues la tiene. Y si no, pues no.
Y siempre, siempre la pierde en el momento en que pierde las buenas formas. Siempre. En esos casos, yo solía levantarme y acompañarles amablemente hasta la puerta. Incluso cuando la discusión ó similar no fuese conmigo...
Hace un par de años, en plena negociación de una historia que de salir bien podía proporcionarme unos beneficios que no me iban a venir nada mal, me levanté, le dije a mi medio jefe/medio socio que lo sentía, pero que no estaba acostumbrada a tratar con mafiosos de medio pelo y me fuí. El "mafioso de medio pelo" ya había tenido una "interesante" reacción en nuestro primer encuentro, dando a entender que le daba igual lo que yo dijera ú opinara, porque él sólo iba a tratar con quien suponía mi jefe (y que no iba a hacer nada, pero nada, si yo no daba el visto bueno a todo). La segunda vez fue en su casa. Le pedí que sacara una serie de documentos legales para tomar unas notas, pedir informes (todo dentro de la normalidad: nº de dni, últimos recibos pagados, reclamaciones por impago, escrituras y contratos para asegurar que era dueño de lo que decía serlo) y se puso como muy ¿nervioso? diciendo que quién era yo para desconfiar de lo que decía. Nadie: simplemente tenía la obligación de confirmar todo aquello... por mucho que a él le molestara que se lo pidiese una mujer. Así que lo dicho: me levanté, dí por zanjado el tema y me fuí a casa.
Una semana después, en el notario, sólo le faltaba sacar una alfombra para ir tendiéndomela delante. Y eso que nos llevó a su terreno y ni yo ni mi medio socio conocíamos a nadie...Por mi parte, decidí ignorarle. Me interesaban, y les interesaba yo mas, al abogado, los oficiales de notaría, el propio notario...
Conclusión: si un cliente, a pesar de tratarle correctamente, "salta" en plan maleducado, no solo no tiene razón... sino que lo mejor que le puede pasar a la empresa es que se vaya para no volver. Y si aún así vuelve... seguro que lo hace más relajadito. Pero mucho más. Y tras llegar a la conclusión de que fue él quien buscó voluntariamente a la empresa en cuestión...y una transacción comercial nunca es un favor que nadie hace a otro alguien...;)
Un beso grande:))
16 Julio 2008 | 06:26 PM