La foto de mamá
-No soy capaz de recordar a mamá si no es en una foto… - Y sus ojos comenzaron a tiritar al compás del resto de su cuerpo.
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Hacía 20 años que su madre había muerto. Ser matriarca a los 14 le costó la adolescencia y buena parte de su presente.
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Se mostraba incapaz de recordar escenas de una vida cotidiana
con su madre, paseos, risas, riñas, los veranos en Santander… Sólo le quedaba un vago recuerdo de aquel desayuno que terminó con el “cola cao” por montera (siempre se ríe emocionada al contarlo) y de la peluca de mamá que fue coqueta hasta el último momento.
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Sus palabras se me colaron en las entrañas llenándome de miedos e inseguridades. No me había dado cuenta pero a mí me pasaba lo mismo…
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Con los años la memoria falla cada vez más. Un neurólogo se lo atribuiría a la galopante pérdida de neuronas que padecemos a partir de los veintipocos años. Pero yo no puedo dejar de responsabilizar de nuestros descuidos (“es la edad”) a las mil preocupaciones reales y artificiales que nos rodean. Contar varias veces lo mismo, necesitar agenda, no recordar números de teléfono, olvidar una fecha de cumpleaños… Pero… ¡olvidar una cara!
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Me puse deberes y empecé a recordar a gente que se había ido de mi vida por uno u otro motivo. Con pena y nerviosismo me di cuenta de que podía revivir experiencias compartidas con ellos pero para ponerles cara, enfocarles al rostro y visualizarlo, tenía que recuperar en mi cabeza sus rostros de alguna foto archivada tiempo atrás y de la que me era más fácil acordarme. En algunos casos conseguía recuperar en mi memoria un gesto visto en un momento concreto, como una ráfaga, pero sin dinamismo.
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Pensé en Marta y en que pocos días antes de morir habíamos hablado de las notas en la puerta de la facultad pero sólo podía ver en ella la sonrisa de la foto que le hice en Euro Disney. Pensé en mis abuelos, en conocidos que ya fallecieron… Incluso pensé en gente que me hizo daño tiempo atrás y sus caras se desdibujaban.
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Intenté acordarme de mi hermana cuando éramos pequeños… y sólo veía fotos. Recordé mi primer día de colegio y vi a un niño (el de las fotos) dando la mano a una mujer… pero no le puse rostro a mi madre. Sólo podía ver su cara actual a los cincuenta y cinco.
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Me di cuenta de que hasta la persona más amada va perdiendo sus facciones en el recuerdo para quedarse sólo en pinceladas, en unos rasgos estáticos o un gesto capturado por una cámara… Y me pregunto si esto avanzará como el alzheimer hasta reducir a mi gente a sus fotografías o si incluso llegaré a olvidar del todo sus caras a medida que éstas se vayan convirtiendo en pasado. Y sentí una nostalgia inmensa por aquello que todavía tengo pero presumo perderé…
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sonia dijo
Creo que es mas fácil recordar algo que nos llama la atencion como una mirada o una sonrisa e imagino que nos vamos quedando con lo último. Tambien puede ser que pasamos por la vida mirando sin ver. Eso si, lo que se quedan son los sentimientos que esos momentos o esas caras nos produjeron en su dia.
9 Abril 2008 | 10:11 PM