29 Octubre 2009
Nunca pedí nada en ningún aniversario ni aspiré a recibir de ti más que abrazos, miradas, momentos, "te quieros"...
Me conformé con lo que me diste, encantado o a disgusto... pero lo acepté sin más.
No quiero nada de ti, ni material ni espiritual. No quiero tus palabras, tus sentimientos, tu compañía, tus caricias. No quiero nada de lo que me dejaste ni volver a los sitios que compartimos. No quiero volver a verte.
Puedes quedarte los recuerdos y los olvidos; las verdades y las mentiras que jamás distinguiré; tu indiferencia...
No te pido que me devuelvas lo mucho que te di sin esperar a cambio más que mi felicidad por verte bien. Ni siquiera te pido que te lleves la arena que aprovechaste a meter en mis bolsillos mientras me besabas tumbados en la playa y que no sabes cuánto pesa.
Sólo te pido una cosa hoy que sería nuestro aniversario. Un único deseo que creo merecerme después de tanto dolor... devuélveme mi capacidad de llorar. No sabes cuánto la necesito hoy...
servido por idem
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12 Octubre 2009
El restaurante-cafetería estaba en la planta baja del hotel. A la izquierda una enorme cristalera cerraba el local con vistas a la playa. Un guapísimo presentador de televisión desayunaba mientras entrevistaba a un famoso personaje del corazón. Dos cafés, dos zumos, una bandeja de croissants en la mesa que les separaba. Y una conversación que les unía.
- Me encanta esta ciudad
- ¿Aunque llueva tanto?
- Aunque llueva
Salieron del hotel y, tras cruzar la calzada, pasearon por la playa que minutos atrás contemplaban desde la cristelera.
Me apoyé en la barandilla mirando desde la calle aquella segunda mesa de la izquierda ahora vacía y algún otoño atrás ocupada por él y por mí. Me giré y miré a la playa que tantas veces caminé con él. Inspiré con fuerza, cerré los ojos y expulsé el aire lentamente.
Deseé que la noche anterior él hubiera visto aquel programa, aquella mesa, aquellas sillas, nuestro hotel preferido, nuestra playa, al presentador que le encantaba, a la famosa que nunca consiguió ver en mi ciudad. Deseé que el otro (o el titular, porque al final el tercero resulté ser yo) le estuviera acompañando frente a la tele. Deseé un momento de silencio incómodo entre ellos y mi presencia infinita en aquel salón aunque fuera unos minutos.
Y me sentí libre, sin cargas, sin remordimientos, sin culpas, sin posibilidad de reproches. Y sonreí...
servido por idem
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3 Agosto 2009
Es curioso como nuestro estado de ánimo y nuestros sentimientos se materializan en nuestros cuerpos... Temblar cuando estamos nerviosos o tenemos miedo, llorar cuando estamos tristes, sonreír aparentemente sin motivo cuando somos felices, tensión cuando estamos psicológicamente cansados o estresados...
Estos días me acompañan vértigos en el estómago. Cada vez que recuerdo una situación de las muchas que tengo pendientes o que me rondan, siento velocidad en el estómago, unas cosquillas que me retuercen el esófago y me obligan a inspirar aire cuando querría espirarlo. La misma sensación que tengo cuando me acerco a un acantilado sin barandilla pero concentrada en el cardias.
La verdad es que últimamente vivo en una ola de sucesos, de fin de semana en fin de semana, hiperactivo, compartiendo mi tiempo con mis amigos, cerrando ciclos que abren necesariamente otras nuevas etapas, olvidando el tremendo estrés laboral que acumulo en este 2009 tan difícil. Y como toda ola cuando parece que llego a la playa hay una fuerza que me arrastra de nuevo hacia adentro para volver a empezar.
Nunca os he contado que tengo el alma rota. Fue un día de mi adolescencia tras una discusión en casa. Yo estaba sentado en el suelo de mi cuarto, en un rincón, abrazando mis rodillas para ocultar entre ellas mi cara emparada en llanto. Entonces entró mi madre y al verme llorar, lloró también... pero pasó de largo respetando mi retiro. En ese momento, cuando vi rodar una lágrima gigante por su cara, sentí una punzada tremenda en el pecho que me dejó sin aire y un dolor inmenso ocupo el lugar de todos mis sentidos. Ese día se me rompió el alma.
Quizá por eso sienta vértigos, porque mis tripas tienen como barandilla un alma rota y cuando se asoman fuera creen caer al abismo, como yo en los acantilados sin cercar.
Este sábado se casó mi amiga del alma y yo fui su testigo. Me paré a pensar que si un día me casara no sería capaz de escoger tan sólo dos testigos entre tanta gente que me quiere y a la que quiero, aunque nunca se lo diga. Y de nuevo sentí vértigo en las vísceras, en el cardias o en el alma rota que parcheé con tanto amigo encontrado en mi camino.
servido por idem
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3 Mayo 2009
A mi sobrina le faltan 2 meses para hacer 3 años. Cuando me ve sale corriendo, me abraza, grita "tío" y me propone mil juegos y actividades. Si me ve tumbado me pregunta si tengo sueño; si me ve después de comer, me pide que hagamos café; si ve una manta me pide convertir la mesa del comedor en una casita y se parte de risa cuando su tío se da coscorrones contra "el techo" del improvisado salón.
Tiene un juguete educativo en el que, a modo de puzzle, hay que encajar figuras de animales en un tablero tallado con los huecos que simulan el relieve de los mismos. La peculiaridad es que por un sistema de sensores cuando el niño acierta se escucha el sonido que emite el animal en cuestión.

- Muuuuuuuu... ¿Qué soy, cariño?
- ¡Una vaca!
Y al posar la pieza en el tablero, el juguete reproducía el mugido y todos aplaudíamos.
- Kikirikiiiii... ¿Qué soy, cariño?
La niña duda, mira al cielo, mira al suelo, borra la sonrisa... No lo sabe. Así que pasamos al siguiente animal y dejamos éste para el último.
Uno a uno, mi sobrina va a acertando cada animal, con sus correspondientes, aplausos y felicitaciones.
- Beeeeee... ¿Qué soy, cariño?
- ¡Una abeja!
- Noooo... una O-VE-JA
Le explicamos la diferencia pero ella sólo quiere seguir con la siguiente ficha. Nos mira con cara de "no tenéis ni idea, mentecatos, eso mismo he dicho yo".
Acabado el tablero sólo quedaba la problemática ficha.
- kikirikiiiiii... ¿Qué soy, cariño?
Mirada perdida al cielo, boca abierta, mirada perdida abajo, presión... todos la miramos con la sonrisa en la boca conocedores de que la niña va a hacer la gracia. Y entonces ella sonríe orgullosa de haber encontrado la palabra buscada y como si de un concursante de pasapalabra a punto de conseguir el bote se tratara exclama:
- ¡Un mariquita! 
Tras un rato de silencio, su madre le dijo "no, hija, las mariquitas no hacen ese ruido, es un gallo". Y posamos el bicho sobre su correspondiente hueco a lo que el tablero correspondió con un sonoro kikiriki.
servido por idem
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10 Marzo 2009
Soy afortunado... sin duda. A pesar de muchas cosas que me pasaron, a pesar de otras tantas que están por venir y de las que soy consciente... soy afortunado. A veces alucino pensando que haya gente que me envidie... y otras veces sonrío y me digo a mí mismo que tengo el mejor regalo que te puede dar la vida: amigos.
Mi concepto de la amistad siempre ha sido muy particular. Para mí la amistad es la cúspide de la pirámide, la punta del iceberg... Y baso todas mis relaciones en el concepto amistad. Así, mi madre es mi amiga y además tiene ese plus de ser mi madre, al igual que mi hermana... Y siempre he intentado que mis parejas fueran mis mejores amigos con ese añadido que le da el amor con mayúsculas, el deseo, el sexo...
Frecuentemente escucho a la gente decir frases como "tengo pocos amigos, pero los que tengo son buenos" o... "los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano"... Y yo si hago un listado de ellos no tendría bastante con los dedos de las dos manos...
Por eso me considero tan afortunado. Porque me rodean un montón de personas que se han desvivido por mí en mis peores momentos y han contribuido a construir los mejores; que han tenido esa palabra, esa mano tendida, ese abrazo, ese beso... hasta esas lágrimas por mí y para mí. Tantos nombres propios que podría dar, que me da vergüenza mostrarme tan arrogante y presuntuoso.
"Los buenos amigos se ven cuando se les necesita"... Y yo vi tanta gente a mi alrededor cuando me hizo falta... Hace ya dos años de aquel día en que mi vida se partió en dos, que puso mi futuro patas arriba y destruyó aquel presente. Y en este tiempo me he apoyado en ellos... y he conocido a tanta gente buena... que me olvido de los egoístas, de los vampiros, de los canallas que se cruzaron en mi camino.
Gracias. A todos GRACIAS. Porque lo que soy, es gracias a vosotros. Por estar ahí siempre, por hacerme sentir tan querido, por emocionarme, por hacerme reír, por hacerme llorar, por hacerme partícipe de vuestras experiencias...
Por compartir tantos momentos y ser una pieza más en el puzzle que es mi vida. Gracias.
servido por idem
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3 Marzo 2009
No le tengo miedo a las agujas. Siempre que me sacan sangre me quedo mirando como la sangre vence la gravedad y escala por los tubitos hasta rellenarlos.
Con 19 años y dos amigas que te piden que les acompañes a donar sangre no puedes hacer otra cosa que ofrecerte también a donar. Llegué a aquella sala poco acogedora, con sillas medio roídas, baldosas renegridas y paredes amarillentas con algo de miedo y recelo a pesar de mi mencionada valentía frente a las agujas.
Antes de donar sangre tenías que hacer una entrevista personal y previa a esa entrevista, había una especie de criba mediante un test escrito que dejaba claro que no eras apto para donar sangre si contestabas que sí a alguna de las preguntas.
Cogí el boli y empecé a contestar negativamente convencido de que iba a terminar todo el cuestionario llenando la hoja de "noes". ¿Has intercambiado jeringuillas?; ¿has recibido alguna transfusión?; ¿Convives con algún enfermo de SIDA? (Cojo el testigo del post de mariliendre). Contestaba que no casi sin terminar de leer la pregunta, como cuando haces los test del examen de conducir y llega un momento en el que te sabes las respuestas de memoria. De repente:
"¿Ha mantenido relaciones homosexuales durante el último año?"
Me quedé petrificado. Absolutamente armarizado, con 19 y con mis dos amigas al lado, marqué un titubeante "no" mentiroso y me entró una angustia enorme. Angustia por saber que mentía a los médicos; por verme dentro de un grupo de riesgo al haber mantenido relaciones con otro hombre; por sentirme despreciado en mi alegría de ayudar por el hecho de ser gay; por no entender nada...
Al lado de la pregunta ponía literalmente " No debe donar durante al menos un año desde la última exposición si ha tenido relaciones sexuales con varón homosexual o bisexual".
La siguiente pregunta decía algo así como "¿Convives con alguna persona que tenga hepatitis?". Y ahí estaba mi vía de escape ya que mi padre la padecía. Marqué un sí firme y decidido y abandoné el hospital excusándome con mis amigas "porque se me había hecho tarde".
Años después, grupos reivindicativos de derechos de gays y lesbianas denunciaron esta situación y fulminantemente la Consejería de Sanidad de Cantabria eliminó la pregunta. Pidieron disculpas por mantener el formulario anticuado y sustituyeron aquello del varón homosexual por: "No debe donar durante al menos un año desde la última exposición si ha tenido relaciones sexuales con múltiples parejas y no ha utilizado siempre y de forma correcta el preservativo" (estas dos citas son literales)
Todo esto que cuento ocurrió en Cantabria, Murcia y Madrid hasta bien avanzada la década de los 90. Y si tenéis alguna duda, podéis rebuscar por google...
servido por idem
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11 Febrero 2009
Siento que el regalo no llegara a tiempo pero lo recibirás de todas formas.
Muchas felicidades, Juanan
La de "onces de Febrero" que nos quedan...
servido por idem
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17 Enero 2009
Pablo vio un jersey que le gustaba, sabía perfectamente que le iba bien pero prefirió esperar a las rebajas... Cuando éstas llegaron, el jersey ya no estaba a la venta.
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Laura se inquilina por invertir en prendas de calidad, que le duren mucho y en buenas condiciones aunque le cueste más adquirirlas.
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Pedro, en cambio, prefiere ir de compras con frecuencia, con ropa barata que no le importa tirar cuando se estropea. Generalmente se cansa de ella antes de llegar a desgastarla.
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Ángela tiene una manta desde hace muchos años. En las noches de frío se arropa con ella y se siente a gusto, protegida por el calor que su vieja manta desprende.
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Luis es un caprichoso y a menudo adquiere ropa que usa una vez o dos y luego la olvida sin importarle lo que costó adquirirla.
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Eva es envidiosa y si ve algún trapito que le gusta a alguien, rápidamente le copia el estilo y la idea. Más de una vez compró algo anticipándose a amigas suyas.
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Alberto decidió hace años que era más cómodo tener un pijama en cada casa a la que iba a dormir, en vez de cargar con el suyo de un lado a otro.
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Y mil ejemplos más… que me hacen reflexionar y ver que muchas veces la gente trata sus relaciones como si fueran prendas de ropa…
servido por idem
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