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Terra
La Coctelera

ídem

Perspectivas de una misma realidad

24 Octubre 2011

Sinsentido

 

Tiene los ojos diminutos. Y grises. Un gris que a veces es azul y a veces negro. Con frecuencia pestañea con fuerza, como el hipermétrope que intenta focalizar la vista ante un libro con la letra reducida. Sus labios son muy finos y delimitan una boca pequeña que da la impresión de tener que luchar contra sí misma para abrirse al hablar. Y al sonreír.

En los años que llevo viéndole pasar siempre ha llevado el pelo igual. Moreno, muy liso, algo largo, con flequillo. Al venírsele a la cara y taparle los ojos, levanta las cejas y sopla hacia arriba. Como si la boca, dentro de su pequeñez, se solidarizara con su mirada.

Tiene el hoyuelo de la barbilla muy marcado y la nuez muy pronunciada. Cuando está de pie siempre permanece muy erguido, con la cabeza levantada y las manos en los bolsillos.

Mide poco más que yo. Pero su constitución le hace parecer más alto. Porque está muy delgado. Tanto que la ropa de su talla le está grande... Nunca lleva los zapatos a juego con el traje. Ni los calcetines. Es exageradamente friolero. Y se resfría con facilidad. Cuando está acatarrado hace una mueca muy graciosa con la nariz, como el bebé molesto al que un mal sueño no le deja dormir.

Es tímido. Muy tímido. Siempre habla bajito y despacio, como apocado, como el que se da cuenta de que todos le miran y súbitamente siente pánico escénico. Su carácter introvertido y reservado, su timidez, sus pocas palabras, su mirada infinita a través de sus pequeños ojos, le dan apariencia de hombre observador, de estar en paz con el mundo, de absoluta calma. Transmite paz y confianza.

En todo este tiempo, habré cruzado tres frases con él. Cada vez que le veo me muero de vergüenza. Me hace sentirme como un quinceañero ante su primer amor, ante esa primera petición de cita. Me gusta. Me gusta mucho. Me encanta.

Esta mañana mientras miraba unos documentos con un compañero levanté la vista y él estaba ahí, detrás, a menos de medio metro de mí. Con cara de no haber despertado, con el pelo mojado de una ducha que poco o nada le han espabilado. Nunca sé cuándo viene, cuando tiene que visitar mi empresa. Se ha dirigido a mis compañeros con su voz bajita, con su sonrisa amable... y mi tono de voz se ha hecho tan pequeño como sus ojos, he titubeado, he perdido el argumento, no he sabido qué decir... y me le he quedado mirando como si allí no hubiera nadie más.

Y me he sentido ridículo, infantil... Por no poder dejar de mirarle cuando está cerca. Por las veces que me ha sorprendido y he fingido tener la mirada perdida en lugar de posada en sus ojos. Si hasta hace poco ni sabía su nombre... Pero me gusta. Me gusta mucho. Me encanta. Aunque él nunca lo sabrá.

 

 

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17 Julio 2011

Veinticinco de junio. Una mesa para trece.

 

Llevo más de dos horas en casa. Al entrar por la puerta me he descalzado, he aflojado el nudo de la corbata y me he desabrochado los dos primeros botones de la camisa. Cruzando el pasillo me he visto reflejado en el espejo del fondo y me ha sorprendido el contraste entre el color de mi cara y el blanco cadavérico de mi cuello. Me he achicharrado durante el cocktail de la boda.

He encendido el ordenador y he buscado vídeos de canciones tristes, hurgando en heridas y regodeándome en una melancolía que aviva cada "sí, quiero" al que asisto. No me gusta fingir que estoy bien ni intentar levantarme el ánimo cuando realmente no me apetece. Es como dejar la mierda pudriéndose debajo de la alfombra: al final siempre sale y oliendo peor.

A pesar del calor he buscado café caliente con la inquietud con la que un drogadicto busca su dosis. Al final es lo mismo. Tengo tan asumida mi adicción como mi nula intención de abandonarla.

Pienso en cosas tristes, las enlazo, me esfuerzo en recordar... A veces mi subconsciente me acerca las mil alegrías que me rodean pero mi conciencia las barre y acalla. Porque hoy estoy triste y melancólico. Es mi estado de ánimo y me estoy revolcando en él porque  me da la gana. ¿Qué pasa?

Entre vídeo y vídeo me recreo en el silencio de la casa. A veces el silencio es un efecto de la soledad y otras veces es la causa.

Facebook comienza a escupir fotos de la boda. En la mesa éramos trece. Recuerdo el momento en el que la fotógrafa toma instantáneas de los invitados por parejas y lo nervioso que me siento por mi condición de impar. Por ser yo el número trece. Y a la gente bailando por parejas, y los nombres por pares grabados en las invitaciones, y las dos alianzas, y el cartel con el reparto de las mesas... y de nuevo el "sí, quiero". Los dos "sí, quiero".

Y vuelvo con mis vídeos tristes... Mañana sé que estaré bien.

 

Tags: boda, impar

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7 Marzo 2011

Su espalda

A pesar de que nunca me gustó mirar a la gente mientras duerme, con él no podía evitarlo. Podía pasar horas en las posturas más incómodas con tal de sentirle lo más cerca posible y de que estuviera a gusto. Y aunque mirándole me sentía como si invadiera su intimidad, le veía tan desprotegido e indefenso que no podía dejar de quererle un poco más cada segundo.

Siempre se quedaba dormido de costado, mirando hacia el exterior de la cama. Y siempre lo hacía antes que yo. Quizá otro se habría ofendido al comprobar que su pareja prefería mirar hacia la pared antes que a uno mismo, pero yo no. Yo disfrutaba con el paisaje que su costumbre me brindaba...

Frente a mí su espalda ancha me atrapaba en el calor que desprendía. Suavemente deslizaba mis dedos por su piel contando lunares, besando cada rincón que noche a noche memorizaba por mera reiteración, deslizando la punta de la lengua por su columna. Y me daba la risa cuando le veía estremecerse por escalofríos o cosquillas con las que protestaba a modo de ligero revolcón en la cama aunque siempre sin llegar a despertarse. 

Me acurrucaba en él y en posición fetal pegaba mi frente contra su columna empapándome de su respiración y sus latidos. Un día oí que los bebés cuando duermen instintivamente buscan apoyar la cabeza contra un barrote de la cuna simulando el contacto con la pelvis materna durante el embarazo. Les aportaba paz, serenidad, protección... La misma que sentía yo con él.

Y cuando deslizaba mi mano sobre su cintura, él, todavía dormido, la agarraba fuerte "obligándome" a abrazarlo aún más.

A veces me pegaba tanto a él y me excitaba tanto que no podía evitar que se despertara. Entonces se giraba, me besaba y sin abrir casi los ojos, aquella cama que minutos antes le proporcionaba descanso pasaba a ser un ring de sexo cargado de fluidos corporales.

Y tengo que reconocer que alguna vez me emocioné y me sentí el hombre más feliz del mundo (qué tópico) "sólo" por tener la oportunidad de vivir esos instantes a su lado.

 

Tags: abrazo, dormir, pareja

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30 Enero 2011

Pañuelos de colores

 

Hoy miro atrás y pienso en cómo "La Coctelera" llegó a tener una trascendencia en mi vida que jamás habría sospechado. Gracias a este soporte formamos una comunidad de vecinos repleta de nicks, de personajes ficticios que no lo eran tanto, de desahogos, de vías de escape. Creé y di forma a Ídem de tal forma que, como ya he dicho alguna vez, muchas veces Ídem era más real que yo mismo.

Los personajes que habitábamos esta coctelera traspasamos las pantallas y las teclas y nos convertimos en lugares y personas que tocar, con las que reír y charlar. Y por las que alegrarnos y sufrir en la distancia.

Muchas de las historias que aquí se han contado, muchos traumas que motivaron estos blogs se han solucionado y han dado lugar a vidas felices y a nuevas amistades.

Pero hay una amiga que se nos queda en el camino, la más luchadora, la que más sufrió y la que más motivos tuvo para quejarse... y nunca lo hizo.

Pensé en titular este post "Pañuelos de color negro". Pero no, ella no lo habría querido.

"Hola soy Nere, tengo 37 años y acabo de empezar un maratón de los buenos y de los duros, pero tengo claro una cosa, que voy a ganar... así que sabiendo que el premio es la Vida....tendré que correr fuerte y duro sin descanso. Mi maratón es el del Cancer de mama. Tengo además un hijo precioso."

Cuesta asumir que no volveremos a leerte, saber que ya no estás ahí para contarnos la evolución de tu puñetero cáncer, los conciertos de Fito, tus vivencias con Yeray y Carlos... Sé que es una frivolidad pero olvidé preguntarte qué tal el coche de tu madre... Después de tres años leyéndote todo se hace raro y todavía estoy impresionado por aquel "Se acabó!" escrito por Carlos y que rápidamente entendí.

No te vamos a olvidar nunca, Nere. Hasta siempre.

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6 Diciembre 2010

Estoy...

 

Si hay una palabra que describe mi estado actual, ésa es ESTABILIDAD, justo lo contrario de lo que ha sido mi vida en los últimos años.

Veo ilusionado crecer el que será mi nuevo hogar, acepto mis carencias, huyo de las frustraciones, dejo atrás fantasmas, elimino parásitos, no me dejo alterar por quien no lo merece... Cada día entro menos al trapo de las provocaciones, soy capaz de estar más de un minuto sin moverme y sin enredar como un niño chico, aprendo a disfrutar de cada situación sin prisas aunque me cuesta una inmensidad... Voy dejando atrás la ansiedad, me enfrento a mis miedos, o al menos lo intento. Sonrío sin motivo, me siento pleno con lo poco o lo mucho que tengo, me voy queriendo.

Y sobre todo siento el amor de muchas personas que me rodean. No sé si soy merecedor de tanto, la verdad. Me duele no ser más cariñoso, no demostrar que correspondo; me agobian mis vergüenzas, mis reticencias a decir un "te quiero" que realmente siento. Pero voy dando pasos.

Disfruto de mi soledad, con calma, estable, muy estable... y feliz... o al menos viviendo una gran cantidad de momentos felices. Y creo en mí.

 

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22 Julio 2010

"...y éste sea el último verso que le escribo"

 

Te echo de menos. Charlar contigo, refugiarme en ti. Ser tú.

Te echo de menos. Estar a solas contigo, contártelo todo, recordar nuestro pasado juntos.

¿Acaso no recuerdas cuando estábamos tú y yo? Y el resto miraban, comentaban, animaban, criticaban... pero daba igual. Tú y yo nos servíamos un cóctel y hablábamos y hablábamos... y a veces nos daban las tantas. Y buscábamos fotos y vídeos acordes a nuestra charla.

Te echo de menos y quiero que vuelvas. Pero esto no es lo mismo porque ya todos saben que tú eres yo... que yo soy tú. Porque todos saben qué pasó y es difícil justicar lo que siento. Y no sé si cortar definitivamente mi relación contigo o retomarla... si usarte sin más cuando me apetezca o dejarme usar cuando te apetezca a ti.

En cualquier caso, Ídem...

"porque en noches como esta la tuve entre mis brazos

mi alma no se contenta con haberla perdido"

Tags: yo soy idem

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22 Abril 2010

Mi no boda gay

 

Recuerdo que aquel día hacía frío. Estábamos en un callejón cuando me abrazó muy despacio, con suavidad, conteniendo la fuerza como para querer protegerme de la energía con la que deseaba hacerlo. No pude evitar mirar a nuestro alrededor para comprobar si alguien nos miraba... y se dio cuenta.

"¿A que no te atreves a darme un beso aquí?"

Y se lo di. Supongo que porque ya había visto que estábamos solos. Aunque reconozco que me habría dado igual. En aquel pueblo de aquel día frío su abrazo era sinónimo de felicidad. Con él había aprendido que esos pequeños ratos juntos eran la definición con la que describiría en mi diccionario la palabra felicidad.

Entonces ocurrió lo inesperado.

"¿Te imaginas vivir así toda la vida? ¿Tú querrías vivir a mi lado el resto de tu vida?"

Me estaba pidiendo que nos casáramos. Nunca pensé que fuera a vivir este momento. Mi condición sexual, la ley... mis secretos... nunca creí que esto fuera a pasarme a mí.

 Ahí estaba yo, sin poder evitar que un millón de miedos invadiera mi cabeza con una explosión de ideas incapaz de asimilar por cerebro alguno. Me acordé de mi trabajo y del momento en el que tuviera que pedir el permiso por matrimonio... imaginé el día en el que viejos conocidos me preguntaran por mi alianza... me acordé de mis amigos ya todos casados, me acordé de mi madre, de mi hermana... de mi sobrinita en una hipotética boda llevando "las arras"... Sentí pánico por tener que afrontar una salida de armario tan brusca a ojos de todo el mundo. Y me maldije porque en vez de estar inmensamente feliz porque la persona a la que amaba profundamente quería compartir su vida conmigo, yo sólo podía pensar en la situación violenta de dar "explicaciones" por mi esposa y por mi anillo.

En los días siguientes, él hacía planes sobre el lugar de la celebración, sobre si los dos debíamos vestir igual, el mes del año, los traslados de la gente, el viaje... y los invitados.

"Yo calculo que invitaré a unas 50 personas. Tú... pues a tres" - en referencia a las tres únicas personas de mi entorno íntimo que conocían mi relación con él y hablando de forma más extensiva, mi condición de gay. Y reía para picarme aunque en realidad me apremiaba a espabilar.

Era tanto el miedo que tenía a ese momento que había decidido dejar mi trabajo porque me veía incapaz de afrontarlo. ¿Cómo invitar a mi boda a mis compañeros? ¿Cómo decir el nombre del cónyuge para comunicar a Hacienda el estado civil? ¿Cómo asumir los comentarios, ésos que todo el mundo dice que le dan igual? No me veía capaz. Me planteé hasta una boda secreta pero rápidamente entendí que ni era posible ni era justo negar a mi gente que compartiera conmigo ese momento (como a su vez ellos hicieron en sus respectivas bodas). Además, me estaría comportando como si me avergonzara de mi amor por él.

Y me sentí triste por una situación que debía ser feliz y porque sólo yo era el responsable de no dejarme disfrutar de ese momento.

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31 Marzo 2010

Papi

No creo mucho en las casualidades... No soy católico, ni siquiera agnóstico... no doy veracidad a la magia, horóscopos o brujería. No soy, desde luego, ningún crédulo.

Pero sí que contemplo curioso la existencia de señales, sí creo que la vida nos cruza símbolos, conceptos, imágenes que nos devuelven a una misma idea generalmente recurrente en momentos concretos.

Hace unas semanas paseaba con un amigo por la playa, ésa que normalmente recorro solo, y hablábamos de que ser gay cerraba con mil candados las puertas de la paternidad. Él insistía en que no descartaba tener hijos, que no sabía cómo, si de sangre o adoptados (hijos todos naturales al final) pero que no pensaba renunciar a su sueño. 

Poco después, Patricia me hacía un brindis con su embarazo y me tocaba felicitar a la pareja por su próxima paternidad mientras Lorena, al lado, lucía su enorme barriga ocupada por una Aitana que por fin se ha girado y no hará necesaria la cesárea. En aquella cafetería también estaba mi sobrina, mi pequeña, que me llamó tío el día que cumplía quince meses. "La próxima vez te traigo a mi niña mayor" - le decía Lorena a mi canija.

El viernes era mi cumpleaños y la fecha programada para que llegara al mundo la sobrina de un conocido. Pero el parto se alargó hasta las 00.50 del sábado. También el día 27 nació la sobrina de un amigo después de meses en los que machaqué a su tío "pidiendo a no sé quién" que la niña compartiera cumpleaños conmigo. No puedo ser.

Hace tiempo que asumí que no iba a ser padre y me reafirmé en la idea porque no quería alimentar un sueño inútil cargando con más paladas mi frustración. La modificación de las leyes y, lo más importante, la evolución de la sociedad española que ha demostrado que pasa de estos temas, abren unos cuantos candados de esos de los que hablaba con mi amigo. Pero sigo siendo realista y con enorme tristeza me resigno a mi situación personal y económica.

Estos días miraba las fotos de Ricky Martin con sus bebés gemelos y no podía evitar sentir una envidia de las malas, de esas que te hacen caer en la tristeza por carecer de los que otros tienen. Curiosamente el lunes hizo pública su homosexualidad. Bravo. Por el motivo que sea, porque le han chantajeado, porque es feliz con una pareja, porque sus hijos son tan importantes que su paternidad es una muralla en la que rebotan las piedras de los retrógrados. Porque se le ha puesto de los cojones, de ésos que ha demostrado tener. Son unas fotos tan cargadas de ternura... cómo les mira, cómo les vigila en la arena, cómo les baña... actividades que estoy seguro de que realmente hace él, sin canguros o empleados. Desprenden tanto amor... que me han hecho sentirme tremendamente emocionado, envidioso y triste a la vez.

Y hago balance a este primer trimestre de 2010 en el que todos los caminos, todos esos símbolos de los que antes hablaba, me han conducido al mismo concepto, al de paternidad. Y veo a mi sobrina llamarle "papi" a mi cuñado mientras siente su protección al abrazarle... y no puedo evitar sentir que se me parte el alma. ¿Por qué yo no?

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